Mi Guardian

Mi Guardian

I'll always be with you.. just want you to be happy..

Me, Myself and I

Nombre: Andrea

Apodos: Anne, Andy, Andreita

Cumple: 6 de junio

País: Perú

Ciudad: Lima

Familia: mi padres, hermano y princesa (mi mascota)...Solo vivo con mi mamá

Como soy: bueno yo diría muy alegre me encanta escuchar música, cantar (no se que tan bien lo hago!) y bailar....la mayoría de mis amigos dicen que soy una poco loca hehehe…soy RE directa y sincera…cuando me propongo algo no paro hasta q lo cumplo ^^

Música: Nick Jonas & The Administration, Miley Cyrus, Taylor Swift, Jonas Brothers, gLee (aunq no son de ellos las canciones me gustan los covers q hacen), Carrie Underwood, Demi Lovato, Keith Urban, Selena Gomez, Boys like girls, Jay-z, Lady Antebellum, Mitchel Musso, Justin Bieber, Gloriana y Alejandro Sanz.

TV: jonas, Hannah montana, gLee, Project runway, sunny entre estrellas, los hechiceros de waverly place, la vida secreta de una adolescente americana, e! news, bob esponja, el internado y  barney.

Peliculas: jonas brothers: the 3d concert experience, Hannah Montana: the movie, camp rock, harry potter, 2012, a walk to remember, angels & demons, I am Sam, ice age 1,2 &3, man on fire, milk, my sister's keeper, new moon, twilight y saw

Libros: A orillas del río Piedra me senté y lloré(Paulo Coelho), Harry Potter(J.K.Rowlling), Once Minutos (Paulo Coelho), The Last song - Message in a Bottle - A Walk to Remember - The Guardian (Nicholas  Sparks), Carolina Moon – Reflections - Dance of Dreams - Time Was - Times Change (Nora Roberts).

Flor: Orquídea

Colores: Azul, Verde y Lila

Estación del año: Invierno

Frases: That's so cute!...Awesome // "las verdaderas amigas no solo están en los buenos momentos"

Comida Favorita: Lasagna o Pizza

Dulces Favoritos: Chocolate y Gomitas

Bebidas favoritas: Coca-cola y Frapuccino caramel

Fruta favorita: Fresas o Mango

Sabor de helado favorito: Chocolate

Hobbies: Escuchar música y cantar (mismo concierto)

Odio: A las personas hipócritas y falsas, a los que critican sin conocer a los demás, a los anti-jonas y las anti-kevin, a los q se burlan de la enfermedad de Nick y a odio NELENA!!!!!!!!

Sueños:

ser feliz

conocer a los Jonas Brothers

 cantar con Nick Jonas

ser profesional y vivir en usa

 

important days

Su Mo Tu We Th Fr Sa
◄◄ Eventos

Nick : ^^

Nick :  ^^

:D siiiii al fin!

estoy escribiendo al fin, lo que una cancion puede hacer, estoy inspirada nuevmanete, cuadno tenga algo ya mas o menos avanzado empezare a subir caps

las quiero

Haven't met You yet!!!

amo esta cancion a mil sobre todo cuando la canta el amor de mi vida Nick Jonas solo que I haven't met Him yet!! 

 

 

 

No estoy sorprendido
pues, no todo dura para siempre
me han roto el corazon tantas veces
que las he dejado de contar
me hablo a mi mismo
y me hablo en voz alta
lo tengo todo tan calculado
que despues termino decepcionado
He tratado muchas veces de no perderlo
me he inventado millones de excusas
he pensado y pensado en cada posibilidad

Y ahora se que algun dia esto cambiara
el amor aparecera y lucharemos juntos para poder resolverlo
y te prometo que voy a dar mucho mas
de lo que recibo
Solo que aun no te he conocido
quiza tenga que esperar
pero nunca me rendire
supongo que esto es la mitad de todo
y la otra mitad es pura suerte
pero donde sea que estes
Cuando sea que este bien
saldras de la nada
y entraras en mi vida
y se que podremos ser tan sorprendentes
Bebe, tu amor me va a cambiar
y es ahora que veo todas las posibilidades

Pero de alguna manera se que esto cambiara
el amor aparecera y me haras luchar para juntos poder resolverlo
y te prometo que voy a dar mucho mas
de lo que recibo
Solo que aun no te he conocido

Ellos dicen que todo es justo
en el amor y la guerra
pero no necesitare pelear
juntos lo lograremos y estaremos unidos
y ahora se que algun dia esto cambiara
el amor aparecera y me haras luchar para juntos poder resolverlo
y te prometo que voy a dar mucho mas
de lo que recibo
Solo que aun no te he conocido.

un desastre!!

hola hace mucho que no entro si, pero sepan que me paso por muchas de sus noves aun q no les comnte pero si les doy likes...

hace mas de un mes trato de escribir algo y no puedo, mi inspiracion y ganas de escribir creo ya se fueron, necesito a msi tres amores de neuvo juntos, nada de HArry styles justin bieber etc etc,

que hagooo? quiero escribir pero de mi cabeza solo sale HUMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

las quieroooo

Mi Guardián Capitulo 4

 

-Con dos cortes de pelo basta.

-Venga. Déjame que esta vez te pague. Al menos por los recambios. Tengo dinero, ya lo sabes.

Durante el último año, el Jeep, un viejo modelo CJ7, había pasado por el taller tres veces. Nick, sin embargo, conseguía de algún modo que entre las visitas siguiera funcionando sin problemas.

-Ya me pagas -protestó Nick-. Aunque cada vez tengo menos pelo, todavía tengo que cortármelo de vez en cuando.

-Pero dos cortes de pelo no parecen un trato justo.

-No tardé ni una hora en arreglarlo. Y los recambios no me costaron demasiado; el tipo me debía un favor.

_____ levantó la barbilla suavemente.

-¿Sabe Kevin que estás haciendo esto?

Nick abrió los brazos con aspecto inocente.

-Por supuesto que lo sabe. Soy su socio. Y además, fue idea suya.

Seguro, pensó ella.

-Bueno, gracias -dijo finalmente _____-. Te lo agradezco.

-Encantado. -Nick hizo una pausa. Quería hablar con ella un poco más, pero como no sabía exactamente qué hacer se volvió hacia Singer. Éste le estaba mirando fijamente, con la cabeza inclinada hacia un lado, como si le estuviera diciendo: «Venga, a por ella, Romeo. Ambos sabemos la verdadera razón por la que le hablas». Nick tragó saliva.

-Bueno, cómo te fue con... Hmmm...

Intentaba parecer lo más indiferente posible.

-¿Taylor?

-Sí. Taylor.

-Estuvo bien.

-Oh.

Nick asintió, sintiendo que en su frente se formaban gotitas de sudor. Se preguntó cómo podía hacer tanto calor a aquella hora tan temprana del día.

-Sí... Hmm... ¿Dónde fuisteis?

-A la Slocum House.

-Muy elegante para una primera cita -dijo Nick.

-Era o eso o Pizza Hut. Me dejó elegir.

Nick cambió el peso del cuerpo de una pierna a la otra, aguardando por si añadía algo más. No lo hizo.

Nada bueno, pensó Nick. Taylor era totalmente distinto de Bob, el romántico fanático de los números. O de Ross, el maníaco sexual. O Adam, el de los intestinos de Swansboro. Con tipos como ésos como competencia, Nick pensaba que tenía bastantes posibilidades. ¿Pero Taylor? ¿La Slocum House? ¿«Estuvo bien»?

-Así que... Lo pasasteis bien -preguntó.

-Sí. Nos divertimos.

¿Se divirtieron? ¿Cuánto? Aquello, pensó, no estaba nada bien, en absoluto.

-Me alegro -mintió, haciendo cuanto pudo para fingir entusiasmo.

_____ le cogió del brazo.

-No te preocupes, Nick. Ya sabes que a ti siempre te querré más, ¿verdad?

Nick se metió las manos en los bolsillos.

-Eso lo dices solamente porque te reparo el coche -dijo.

-No te infravalores -dijo _____-. Me ayudaste a arreglar el tejado.

-Y la lavadora.

Ella se inclinó y le dio un beso en la mejilla. Después le apretó el brazo.

-¿Qué puedo decir, Nick? Eres un buen tipo.

 

 

_____ sintió los ojos de Nick sobre ella al caminar hacia la peluquería, pero a diferencia de lo que sentía cuando algunos hombres se fijaban en ella, no le molestó en absoluto. Era un buen amigo, pensó, y rápidamente cambió de opinión. No, Nick era realmente un muy buen amigo, alguien a quien no dudaría en llamar en caso de emergencia; uno de esos amigos que le hacían la vida mucho más fácil en Swansboro simplemente porque sabía que siempre estaría allí para ella. Los amigos como él eran escasos, y por eso ella se sentía mal al ocultarle algunos de los aspectos privados de su vida, como su última cita.

_____ no había tenido agallas para entrar en detalles, porque Nick... Bueno, Nick no era exactamente un dechado de discreción a la hora de mostrar lo que sentía por ella, y no quería herir sus sentimientos. ¿Qué se suponía que debía haber dicho? «Comparado con mis otras citas, ¡Taylor es genial! Claro que sí, ¡claro que volveré a salir con él!» _____ sabía que Nick quería salir con ella, ya hacía un par de años que lo sabía. Pero sus sentimientos por Nick -además del hecho de que lo considerara su mejor amigo-eran complicados. ¿Cómo no iban a serlo? Joe y Nick habían sido grandes amigos desde la adolescencia, Nick había sido el padrino de su boda, y Nick fue la persona a la que ella acudió en busca de consuelo tras la muerte de Joe. Era más como un hermano, y no creía que pudiera darle a un interruptor y cambiar sus sentimientos.

Pero era más que eso. Como Joe y Nick eran amigos tan íntimos, como Nick había formado parte de las vidas de los dos, el mero hecho de imaginar una cita con él siempre la dejaba con una vaga sensación de traición. Si ella decidía salir con él ¿significaba eso que en el fondo siempre había deseado hacerlo? ¿Qué pensaría Joe de ello? ¿Y sería capaz ella de mirar a Nick sin pensar en Joe y en esos momentos del pasado en que estaban los tres juntos? No lo sabía. ¿Y qué pasaría si salían pero por alguna razón la cosa no funcionaba? Las cosas cambiarían entre ellos, y ella no podría soportar perderle como amigo. Era más fácil si todo seguía como estaba.

_____ sospechaba que Nick era consciente de todo aquello y que ésa era probablemente la razón por la que nunca la había invitado a salir, a pesar de que era obvio que deseaba hacerlo.

A veces, sin embargo -como el verano anterior, cuando estaban en la barca practicando esquí acuático con Kevin y Danielle-, ella tenía la sensación de que él estaba reuniendo valor para hacerlo, y Nick resultaba un poco cómico cuando esos impulsos se apoderaban de él. En lugar de comportarse como un tipo alegre y despreocupado -el primero en reírse de las bromas aunque fueran a su costa, el tipo al que le pedirías que fuera a por más cerveza a la tienda porque todo el mundo sabía que no le importaría-, Nick enmudecía de repente, como si creyera que su problema con _____ se debía a que ella pensaba que no era suficientemente enigmático. En lugar de reírse de lo que los demás decían, parpadeaba o ponía los ojos en blanco o se miraba las uñas, y cuando él le sonrió aquella vez en la barca, pareció como si estuviera intentando decirle «Hey, nena, ¿por qué no nos largamos de aquí y nos divertimos de verdad?». Su hermano mayor, Kevin, era implacable cuando Nick se ponía así. Al detectar el repentino cambio de actitud de su hermano, Kevin le había preguntado si había comido demasiadas judías en el almuerzo, porque no tenía buen aspecto.

En ese momento, el amor propio de Nick se deshinchó.

_____ sonrió mientras pensaba en ello. Pobre Nick.

Al día siguiente ya había vuelto a ser el de siempre. Y a _____ le gustaba más esa versión de Nick que cualquier otra. Los hombres que pensaban que las mujeres tenían suerte de tenerlos, los hombres que se hacían los duros y los impasibles, que buscaban peleas en los bares para mostrarle al mundo que no había quien les diera órdenes, la aburrían. Por otra parte, los tipos como Nick eran un buen partido, de eso estaba segura. Tenía tan buen corazón como aspecto; a _____ le gustaba observar cómo los ojos se le arrugaban en el rabillo cuando sonreía, y adoraba los hoyuelos de sus mejillas. Había llegado a venerar la forma en que dejaba que las malas noticias se alejaran de él con sólo encogerse de hombros. A ella le gustaban los hombres que reían, y Nick se reía mucho.

Y a ella le gustaba mucho, muchísimo, el ruido que hacía al reírse.

Como siempre cuando empezaba a pensar en todo esto, oyó que una voz saltaba en su interior: «No lo hagas, Nick es tu amigo, tu mejor amigo, y no querrás echar a perder esa amistad, ¿verdad?».

Mientras ella reflexionaba sobre la cuestión, Singer empezó a empujarla suavemente, sacándola de sus pensamientos. El perro levantó la mirada.

-Sí, ve, gorrón -dijo _____.

Singer se puso a trotar, pasó frente a la panadería y después dobló por la puerta abierta de la peluquería de Denisse. Allí había una galleta para él cada día.

 

 

-¿Cómo le fue la cita? -Kevin estaba apoyado en el marco de la puerta junto a la cafetera y hablaba por encima del borde de un vaso de poliestireno.

 

Mi Guardián Capitulo 3

 

Has letras de las canciones de Nick Harris dejaban mucho que desear, y su voz no hacía que los ejecutivos de las discográficas le asediaran junto a la puerta de su casa en Swansboro. En cualquier caso, tocaba la guitarra y ensayaba cada día con la esperanza de que su gran oportunidad estuviera a la vuelta de la esquina. En diez años había trabajado con una docena de grupos distintos, oscilando entre el ruido con melena del rock de los ochenta y el country que hablaba de madres, trenes y camionetas. En el escenario, había llevado desde pantalones de cuero y boas constrictoras hasta perneras y un sombrero tejano, y aunque tocaba con un evidente entusiasmo y los miembros de la banda no podían evitar que les cayera bien, normalmente era despedido al cabo de unas semanas con la excusa de que, por alguna razón, aquello no funcionaba. Había sucedido suficientes veces como para que incluso Nick supiera que tal vez no tratara de una cuestión personal, aunque todavía no era capaz de reconocer que quizá él no fuera muy bueno.

Nick también llevaba un diario en el que, en su tiempo libre, escribía sus pensamientos con la intención de utilizar esas impresiones en una futura novela. Pero el proceso de escritura era mucho más difícil de lo que él había imaginado al principio. No es que no tuviera ideas, sino que tenía demasiadas ideas y no era capaz de decidir qué debía entrar y qué quedarse fuera de la historia. El año anterior había intentado escribir una novela de asesinatos ubicada en un crucero, al estilo de Agatha Christie, en la que había los doce sospechosos habituales. Pero el argumento, pensaba, todavía no era todo lo excitante que debiera, así que intentó darle vida utilizando todas y cada una de las ideas que había tenido, incluyendo una cabeza nuclear escondida en San Francisco, un policía corrupto que había sido testigo del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, un terrorista irlandés, la mafia, un niño y su perro, una malvada empresa capitalista y un científico que viaja por el tiempo y escapa de la persecución del Sacro Imperio Romano. Al final, el prólogo se extendía un centenar de páginas y los sospechosos principales aún no habían aparecido. No hace falta decir que no pasó de allí.

Tiempo atrás también había intentado dibujar, pintar, trabajar con cristal tintado, la cerámica, la madera tallada y el macramé, y de hecho había ensamblado algunas obras de arte abstracto en un arrebato de inspiración que le había hecho ausentarse del trabajo durante una semana. Soldó y ató con alambre viejas piezas de coche en tres inmensas y desequilibradas estructuras, y cuando acabó, se sentó en las escaleras de entrada a su casa y observó orgullosamente lo que había hecho, sabedor en el fondo de su corazón de que finalmente había encontrado su vocación. Dicha sensación duró una semana, hasta que el ayuntamiento aprobó una medida en contra de «la basura en los patios» en un pleno convocado con carácter de urgencia. Como muchas personas, Nick tenía el sueño y el deseo de ser artista, pero carecía del talento necesario.

Sin embargo, Nick podía arreglar casi cualquier cosa. Era un verdadero manitas, todo un príncipe azul cuando se hacían charcos debajo del fregadero de la cocina o cuando los contenedores de basura no funcionaban como Dios manda. Pero si era un buen manitas, era todo un Mago Merlín de nuestros días cuando se trataba de cualquier cosa con cuatro ruedas y un motor. Kevin y él eran copropietarios del taller mecánico con más trabajo de la ciudad, y mientras Kevin se hacía cargo del papeleo, Nick se encargaba del trabajo de verdad. Coches extranjeros o nacionales, Fords Escort de cuatro cilindros o Porsches 911 inyección, podía repararlos todos. Era capaz de escuchar un motor y oír los tintineos y chasquidos que los demás no detectaban, y descubrir qué andaba mal, normalmente en menos de un par de minutos. Conocía los colectores y las válvulas de entrada, los amortiguadores, las riostras y los pistones, los radiadores y la puesta a punto de los ejes, y podía montar de memoria el mecanismo de encendido de prácticamente todos los coches que entraban en su garaje. Podía reconstruir motores sin tener que consultar un manual. Las puntas de sus dedos estaban permanentemente manchadas de negro, y a pesar de que sabía que aquélla era una buena forma de ganarse el pan, a veces anhelaba coger una fracción de ese talento y aplicarla a otros aspectos de su vida.

La tradicional reputación entre las mujeres de los mecánicos y los músicos no había surtido efecto en Nick. Había tenido dos novias serias en su vida, y como una de esas relaciones tuvo lugar en el instituto y la otra con Sarah había terminado hacía tres años, se podría afirmar que Nick no estaba buscando un compromiso a largo plazo, o ni siquiera un compromiso que pudiera ir más allá del verano. Incluso Nick pensaba en ello de vez en cuando, pero en aquella época, por mucho que deseara lo contrario, parecía como si la mayor parte de las citas que concertaba terminaran con un beso en la mejilla mientras la mujer le daba las gracias por ser tan buen amigo. A los treinta y cuatro años, Nick Harris estaba muy versado en el tierno arte de abrazar fraternalmente a las mujeres mientras ellas lloraban en su hombro y le decían lo gilipollas que era su ex novio. No es que no fuera atractivo. Con el pelo marrón claro, los ojos azules y una sonrisa fácil, además de su figura esbelta, tenía un atractivo típicamente americano. Ni que las mujeres no disfrutaran de su compañía, porque sí lo hacían. Su falta de suerte tenía más que ver con el hecho de que las chicas que salían con Nick percibían que él, en realidad, no estaba buscando mantener una relación con ellas.

Su hermano, Kevin, sabía por qué se sentían así, al igual que su cuñada, Danielle. Denisse también conocía la razón, como prácticamente todas las personas que conocían a Nick Harris.

Nick, como todos sabían, estaba enamorado de otra persona.

 

 

-Hey, _____, espera.

Justo al llegar a las afueras del anticuado distrito comercial de Swansboro, _____ se volvió al oír que Nick la llamaba. Singer levantó la mirada y ella asintió.

-Ve -dijo.

Singer salió al galope y se reunió con Nick a mitad de camino. Éste le acarició la cabeza y el lomo mientras caminaban, y le rascó detrás de las orejas. Cuando Nick dejó de mover la mano, Singer meneó la cabeza arriba y abajo, con ganas de más.

-Esto es todo por ahora, muchachote -dijo Nick-. Déjame hablar con _____.

Un momento después llegó a donde estaba _____ y Singer se sentó a su lado, todavía en busca de su mano.

-Hey, Nick -dijo _____, sonriendo-. ¿Cómo va todo?

-Tirando. Sólo quería decirte que ya he terminado con tu Jeep.

-¿Qué le pasaba?

-El alternador.

Exactamente el problema que había diagnosticado el viernes cuando ella había dejado el coche, recordó _____.

-¿Has tenido que cambiarlo?

-Sí. El tuyo estaba muerto. No ha sido gran cosa, el distribuidor lo tenía en existencias. También he arreglado la pérdida de aceite, por cierto. He tenido que cambiar un precinto cerca del filtro.

-¿Perdía aceite?

-¿No viste las manchas en la entrada de tu garaje?

-La verdad es que no. No debí de fijarme. Nick sonrió.

-Bueno, eso también está arreglado. ¿Quieres que vaya a por las llaves y te las traiga?

-No, pasaré a buscarlas después del trabajo. No necesito el coche hasta más tarde. Tengo citas todo el día; ya sabes cómo son los lunes. -Sonrió-. ¿Cómo te fue en el Clipper, por cierto? Siento no haber podido ir.

Nick se había pasado el fin de semana tocando rock duro con un grupo de chavales que no habían terminado el instituto y sólo soñaban con conocer tías, beber cerveza y llenar sus días con la MTV. Nick era al menos doce años mayor que cualquiera de ellos, y cuando la semana anterior le había enseñado a _____ los pantalones anchos y la camiseta andrajosa que iba a ponerse para el concierto, ella había asentido y dicho:

-Oh, qué bonitos.

Lo cual significaba: «Vas a hacer un ridículo espantoso encima del escenario».

-Bueno, no están mal -dijo él.

-¿No están mal?

Se encogió de hombros.

-En realidad no es el tipo de música que me gusta.

Ella asintió. Por mucho que le gustara Nick, no le gustaba su voz. Singer, sin embargo, parecía adorarla. Siempre que Nick cantaba para sus amigos, Singer aullaba con él. Era opinión común que ambos estaban bastante igualados en su carrera hacia la fama.

-Bueno, ¿cuánto es por la reparación? -preguntó ella. Nick pareció considerar la pregunta mientras se rascaba la barbilla distraídamente.

 

Mi Guardián, capitulo 1 y 2

 

Cuatro años más tarde...

 

En los años posteriores a la muerte de Joe, _____ Barenson había encontrado la manera para volver a vivir de nuevo. No había sido inmediatamente. Los primeros dos años después de su muerte habían sido difíciles y solitarios, pero el tiempo, finalmente, había obrado su magia sobre _____, transformando su pérdida en algo más llevadero. A pesar de que amaba a Joe y sabía que una parte de ella siempre lo amaría, el dolor ya no era tan intenso como en el pasado. Recordaba sus lágrimas y el vacío absoluto en que se había convertido su vida después de su muerte, pero ya había dejado atrás aquel vertiginoso desconsuelo. Ahora, cuando pensaba en Joe, lo recordaba con una sonrisa, agradecida porque hubiera formado parte de su vida.

También estaba agradecida por Singer. Joe había acertado regalándole el perro. En cierto modo, Singer había hecho posible que saliera adelante.

Pero en ese momento, tendida en la cama una fresca mañana de primavera en Swansboro, Carolina del Norte, _____ no estaba pensando en el maravilloso apoyo que Singer había sido durante los últimos cuatro años. En realidad, estaba maldiciendo mentalmente su existencia mientras respiraba entrecortadamente, pensando: «No puedo creer que vaya a morir así. Aplastada en mi cama por mi propio perro».

Con Singer despatarrado encima de ella, inmovilizándola contra el colchón, se imaginó sus labios tornándose azules a causa de la falta de oxígeno.

-Levántate, perro holgazán -dijo casi sin aliento-. Me estás matando.

Como roncaba ruidosamente, Singer no pudo oírla, y _____ empezó a revolverse para tratar de hacerle salir de su sueño. Ahogándose bajo su peso, se sintió como si la hubieran envuelto en una sábana y lanzado a un lago al estilo de la mafia.

-Hablo en serio -dijo forcejeando-. No puedo respirar.

Finalmente, Singer levantó su pesada cabeza y parpadeó adormecido. «¿A qué viene todo este jaleo? -parecía estar preguntando-. ¿No ves que estoy intentando descansar?»

-¡Fuera de aquí! -bramó _____.

Singer bostezó y apretó su frío hocico contra la mejilla de ella.

-Vale vale, buenos días -dijo jadeando-. Ahora largo de aquí.

Con aquello, finalmente, Singer dio un soplido y empezó a estirar las patas.

Aplastó varias partes del cuerpo de _____ mientras se levantaba. Más arriba. Más arriba. Un momento después, erigiéndose sobre ella con apenas un pequeño rastro de baba en los labios, parecía un monstruo salido de una película de terror de bajo presupuesto. «Cielo santo -pensó ella-, es enorme.» Ya debería estar acostumbrada a él. Respiró profundamente y lo miró con el ceño fruncido.

-¿Acaso te he dicho que pudieras meterte en la cama conmigo? -le preguntó.

Por las noches, Singer acostumbraba a dormir en una esquina del dormitorio. Las dos últimas noches, sin embargo, se había subido a la cama con ella. O, para ser más precisos, encima de ella. «Perro loco.»

Singer bajó la cabeza y le lamió la cara.

-No, no estás perdonado -dijo, apartándole de un empujón-. Ni siquiera te molestes en intentar salirte con la tuya. Podrías haberme matado. Pesas casi el doble que yo, ¿sabes? Ahora sal de mi cama.

Singer gimió como un niño enfurruñado antes de bajar de un salto al suelo. _____ se incorporó con dolor en las costillas y miró el reloj: «¿Ya?», pensó. _____ y Singer se estiraron al mismo tiempo antes de que ella apartara las sábanas.

-Venga -dijo-. Te dejaré salir antes de meterme en la ducha. Pero no vayas a olisquear los cubos de basura de los vecinos otra vez. Me dejaron un mensaje bastante desagradable en el contestador.

Singer la miró.

-Ya lo sé, ya lo sé -dijo-. Sólo es basura. Pero a alguna gente le pica por ahí.

Singer salió del dormitorio y se dirigió hacia la puerta de entrada. _____ le siguió desentumeciéndose los hombros y cerró los ojos sólo un momento. Gran error. Mientras salía del dormitorio, se golpeó los dedos del pie con el armario. El dolor ascendió desde los dedos hasta la pantorrilla. Después del grito instantáneo empezó a maldecir, combinando blasfemias con toda clase de maravillosas variantes. Saltando a la pata coja en su pijama de color rosa, estaba segura de que parecía una especie de conejito Duracell desquiciado. Singer se limitó a echarle una mirada que parecía decir: «¿Qué pasa ahora? Me has hecho levantar, acuérdate, así que en marcha. Tengo cosas que hacer fuera».

-¿No ves que me he hecho daño? -bramó ella.

Singer bostezó de nuevo y _____ se frotó los dedos del pie mientras caminaba renqueando tras él.

-Gracias por venir en mi ayuda. No sirves de nada en caso de emergencia.

Un momento más tarde, después de pisar los doloridos dedos del pie de _____ al cruzar la puerta -ella supo que lo había hecho a propósito-, Singer salió al exterior. En lugar de dirigirse hacia los cubos de basura, Singer se encaminó hacia las boscosas fincas vacías con que lindaba la casa por un lado. Ella lo observó mientras sacudía su inmensa cabeza de un lado a otro, como si quisiera asegurarse de que nadie había plantado ningún árbol ni ningún arbusto nuevos durante el día anterior. A todos los perros les gustaba marcar su territorio, pero Singer parecía creer que, de algún modo, si encontraba los lugares suficientes en los que aliviarse, sería ungido Rey Perro del Mundo. Al menos así la dejaba en paz un rato.

«Gracias a Dios por sus pequeños favores», pensó _____. Durante los dos últimos días, Singer la había estado volviendo loca. La había seguido a todas partes y no se había permitido perderla de vista ni siquiera durante unos minutos, excepto cuando ella lo sacaba. _____ no había podido retirar los platos sin tropezarse con él una docena de veces. Y fue incluso peor por la noche. La anterior había estado gruñendo durante una hora, aunque había tenido la consideración de intercalar, de vez en cuando, algún ladrido. Todo lo cual había llevado a _____ a fantasear con la compra de una caseta de perro insonorizada o un rifle para elefantes.

No es que el comportamiento de Singer hubiera sido nunca... bueno, normal. Exceptuando el gesto que hacía para orinar, aquel perro siempre había actuado como si pensara que era humano. Se negaba a comer en un cuenco; nunca había necesitado una correa; y cuando _____ miraba el televisor, él se encaramaba al sofá y se quedaba observando la pantalla. Y cuando ella le hablaba -en realidad, cuando alguien le hablaba-, Singer observaba atentamente, con la cabeza inclinada hacia un lado, como si estuviera siguiendo la conversación. Muchas veces, parecía entender lo que le decía. Le dijera lo que le dijese, por absurda que fuera la orden, Singer la cumplía. «¿Puedes ir a por mi monedero al dormitorio?» Singer salía trotando de la habitación con él al cabo de un momento. «¿Puedes apagar la luz del dormitorio?» Él se alzaba sobre las patas traseras y le daba al interruptor con el hocico. «Pon esta lata de sopa en la despensa.» La llevaba en la boca y la dejaba en el estante. Sin duda, otros perros estaban bien adiestrados, pero no como éste. Además, Singer no había necesitado adiestramiento. No un adiestramiento normal. _____ sólo tenía que enseñarle una cosa una vez y ya estaba. A los demás les parecía extrañísimo, pero como aquello hacía que _____ se sintiera una versión moderna del doctor Dolittle, le gustaba.

Aunque ello significara que le hablaba a su perro mediante frases completas, discutía con él y de vez en cuando le pedía consejo.

Pero bueno, se decía, tampoco era tan extraño, ¿no? Habían estado juntos desde que Joe había muerto, ellos dos solos, y Singer era casi siempre una excelente compañía.

Singer, sin embargo, había estado comportándose de un modo extraño desde que _____ había empezado de nuevo a salir, y no le había gustado ninguno de los tipos que se habían apostado a la puerta en los últimos dos meses. _____ ya se lo imaginaba.

Desde que era un cachorro, Singer tenía por costumbre gruñir a los hombres cuando los conocía. _____ pensaba que Singer tenía un sexto sentido que le permitía distinguir a los buenos tipos de aquéllos a los que ella debía evitar, pero últimamente había cambiado de opinión. Ahora, no podía evitar pensar que el perro no era más que una versión grande y peluda de un novio celoso.

Aquello iba a ser un problema, decidió _____. Iban a tener que hablar en serio. Singer no quería que ella estuviera sola, ¿verdad? No, claro que no. Quizá tardara un poco en acostumbrarse a la presencia de otra persona, pero acabaría comprendiéndolo. Cielos, con el tiempo probablemente se alegraría por ella. Pero cuál, se preguntó, ¿cuál era la mejor manera de explicárselo?

Se detuvo un instante, pensando en ello, antes de darse cuenta de las implicaciones de lo que estaba pensando.

¿Explicárselo? «Dios -pensó-. Me estoy volviendo loca.»

_____ se dirigió renqueando al baño para asearse antes de ir a trabajar, despojándose de su pijama mientras andaba. Parada ante el lavamanos, sonrió a su reflejo. «Mírame -pensó-, tengo veintinueve años y me estoy viniendo abajo.» Le dolían las costillas al respirar, los dedos del pie le palpitaban con fuerza, y el espejo, advirtió, no ayudaba demasiado. Durante el día, su cabello moreno era largo y liso, pero después de una noche en la cama parecía como si hubiera sido atacado por un montón de duendecillos de la almohada aficionados a gastar bromas con el peine. Lo tenía de punta y encrespado, «en estado de sitio», como Joe solía decir amablemente. El rímel se le había corrido por la mejilla. Tenía la punta de la nariz roja, y los ojos verdes hinchados a causa del polen primaveral. Pero una ducha ayudaría con todo eso, ¿no?

Bueno, quizá no con las alergias. Abrió el botiquín y se tomó un Claritin antes de volver a mirar, como si esperara una mejora repentina.

Aj.

Después de todo, quizá no debiera esforzarse tanto en poner freno al interés de Bob. Hacía un año que le cortaba el pelo a Bob, o más bien lo que quedaba de él. Hacía dos meses, Bob había finalmente vencido sus temores y le había preguntado si quería salir con él. No era exactamente el hombre más atractivo del mundo -se estaba quedando calvo y tenía la cara redonda, los ojos demasiado juntos y una panza incipiente-, pero era soltero y tenía éxito, y _____ no había salido con nadie desde la muerte de Joe. Se imaginó que sería una buena manera de volver al mundo de las citas. Se equivocaba. Había una razón por la que Bob estaba soltero. Bob no era sólo un completo fiasco por lo que respectaba a su aspecto, sino que se mostró tan aburrido durante la cita que incluso las personas que estaban en las mesas de su alrededor habían mirado a _____ con pena. Su tema de conversación preferido durante la cita fue la contabilidad. No había mostrado interés en nada más: ni en ella, ni en la carta, ni en el tiempo, ni en los deportes, ni en el vestidito negro que ella llevaba. Sólo la contabilidad. Durante tres horas, ella había escuchado a Bob perorando sobre las deducciones detalladas, la distribución de las plusvalías, la depreciación y las refinanciaciones de la clase 401(k). Al final de la cena, cuando él se inclinó sobre la mesa y le confesó que «conocía a gente importante en el Ministerio de Hacienda», _____ tenía los ojos tan vidriosos que a duras penas veía nada.

No hizo falta decir, por supuesto, que Bob se lo había pasado de maravilla. La había estado llamando tres veces a la semana desde entonces para preguntarle «si podían volver a salir para una segunda consultoría, ja, ja, ja». Era persistente, eso seguro. Fastidioso como el que más, pero persistente.

También estaba Ross, el segundo tipo con el que se citó. Ross el doctor. Ross el hombre atractivo. Ross el pervertido. Una cita con él era más que suficiente, muchas gracias.

Y no había que olvidar al bueno de Adam. Trabajaba para el condado, le dijo. Le gustaba su trabajo, le dijo. Era un tipo normal, le dijo.

Adam, descubrió, trabajaba en las alcantarillas.

No olía, no le crecían sustancias desconocidas bajo las uñas, su cabello no tenía un brillo grasiento, pero _____ sabía que, mientras viviera, no se acostumbraría a la idea de que un día él podía plantarse ante su puerta con ese aspecto.

«Hemos tenido un accidente en la central, cariño. Disculpa que me presente de este modo.» Con solo pensarlo le daban escalofríos. Tampoco se imaginaba llevando su ropa a la lavandería después de algo así. Su relación estaba condenada desde el principio.

Justo cuando estaba empezando a preguntarse si ya no existía gente normal como Joe, justo cuando estaba empezando a preguntarse qué tenía ella que atrajera a los bichos raros como si llevara un letrero de neón que dijera «estoy disponible; no es imprescindible ser normal», apareció Taylor.

Gran milagro: incluso después de su primera cita el domingo anterior, él seguía pareciendo... normal. Consultor de la empresa de ingeniería J. D. Blanchard de Cleveland -la empresa que estaba reparando el puente de la vía fluvial-, lo había conocido cuando fue a la peluquería para que le cortara el pelo. Durante su cita, le había abierto las puertas, había pedido por ella en el restaurante, y ni de lejos había intentado besarla al llevarla a casa. Y lo mejor de todo es que tenía un atractivo casi artístico, con las mejillas bien cinceladas, los ojos de color esmeralda, el cabello negro y bigote. Una vez la hubo dejado en casa, ella tuvo ganas de gritar «¡Aleluya! ¡He visto la luz!».

A Singer no le había causado tan buena impresión. Cuando _____ se despidió de Taylor, Singer hizo uno de sus numeritos de «Yo soy el jefe aquí» y aulló hasta que _____ abrió la puerta de entrada.

-Oh, ya basta -dijo-. No seas tan duro con él.

Singer obedeció, pero se retiró al dormitorio y se pasó el resto de la noche haciendo mohines.

«Si mi perro fuera sólo un poquito más raro -pensó-, podríamos formar un dúo y trabajar en una feria ambulante junto al tipo que come bombillas. Aunque lo cierto es que tampoco mi vida ha sido exactamente normal.»

_____ abrió el grifo y entró en la ducha intentando contener la oleada de recuerdos. ¿Qué significado tenía rememorar malos tiempos? Su madre, pensaba con frecuencia, se había sentido irrefrenablemente atraída por dos cosas: la bebida y los hombres nocivos. Ya una cosa sin la otra hubiera sido terrible, pero la combinación había sido insoportable para _____. Su madre desechaba a sus novios del mismo modo que los niños desechan los pañuelos de papel, y algunos de ellos hicieron que _____ lo pasara muy mal una vez alcanzó la adolescencia. El último había intentado ligársela, y cuando _____ se lo había dicho a su madre, ésta, iracunda, borracha y hecha un mar de lágrimas, la había culpado a ella de habérsele insinuado. No fue mucho antes de que _____ se encontrara sin hogar.

Vivir en la calle había sido espantoso, aunque sólo fuera durante los seis meses anteriores a la aparición de Joe. Casi todas las personas a las que conocía se drogaban o pedían limosna o robaban... o hacían cosas peores. Temerosa de convertirse en uno de los fugitivos medio chiflados que veía cada noche en los refugios y los portales de las casas, buscaba desesperadamente trabajos esporádicos que le permitieran comer y mantenerse alejada de aquel ambiente. Aceptaba cualquier trabajo que le ofrecieran, por nimio que fuera, y mantenía la cabeza gacha. La primera vez que vio a Joe en una cafetería de Daytona, estaba tomándose una taza de café con las últimas monedas que le quedaban. Joe la invitó a desayunar y mientras salía por la puerta le dijo que volvería a hacerlo al día siguiente si ella estaba allí. Hambrienta, _____ volvió, y cuando le preguntó a Joe por qué lo hacía (daba por hecho que conocía sus razones y recordaba que se preparó para proferir una airada diatriba sobre los corruptores de menores y las penas de cárcel), Joe negó tener ningún interés deshonesto por ella. Y al final de la semana, cuando él se disponía a regresar a su casa, le hizo una proposición: si se trasladaba a Swansboro, Carolina del Norte, la ayudaría a conseguir un empleo a tiempo completo y un lugar en el que vivir.

Ella recordaba que lo miró como si tuviera monos en la cara.

Pero un mes más tarde, consciente de que no tenía en su agenda demasiados compromisos, se presentó en Swansboro pensando, al bajar del autobús: «¿Qué diablos estoy haciendo en este pueblo en medio de ninguna parte?». En cualquier caso, fue a ver a Joe, que -a pesar del persistente escepticismo de _____-la llevó a la peluquería para que conociera a su tía Denisse. Y al cabo de no mucho se encontró barriendo suelos a tanto la hora y viviendo en una habitación que había sobre la peluquería.

Al principio, _____ se sintió aliviada por la aparente falta de interés de Joe. Después curiosa. Después irritada. Finalmente, tras tropezar repetidamente con Joe y soltar lo que a ella le parecían indirectas bastantes descaradas, perdió los nervios y le preguntó a Denisse si creía que Joe no la encontraba atractiva. Sólo entonces él pareció entender el mensaje. Salieron una vez, y después otra, y las hormonas ya bullían después de un mes juntos. El amor verdadero vino poco tiempo después. Joe le pidió que se casara con él; recorrieron el pasillo de la iglesia en la que Joe había sido bautizado y _____ se pasó los primeros años de su matrimonio dibujando caras sonrientes cada vez que hacía garabatos mientras hablaba por teléfono. ¿Qué más, se decía cuando pensaba en su vida, se podía desear?

Mucho más, descubrió pronto. Unas semanas después de su cuarto aniversario de boda, Joe tuvo un desvanecimiento tras salir de la iglesia y fue llevado con carácter de urgencia al hospital.

Dos años más tarde, el tumor cerebral acabó con su vida, y con 22 años _____ se encontró empezando de cero otra vez. Añádase a eso la inesperada aparición de Singer, y ya había llegado a un punto de su vida en el que nada podía sorprenderla.

Ahora pensaba que lo que importaba eran las pequeñas cosas de la vida. Si los grandes momentos del pasado eran los que marcaban el tono, los acontecimientos de la vida cotidiana eran los que definían quién era ella. Denisse, que Dios la bendijera, había sido un ángel. Había ayudado a _____ a sacarse el título de peluquera y a ganarse la vida, si no con grandes lujos, al menos decentemente. Kevin y Danielle, dos buenos amigos de Joe, no sólo la habían ayudado a integrarse en la ciudad cuando llegó, sino que habían mantenido su amistad después del fallecimiento de Joe. Y después estaba Nick, el hermano menor de Kevin y el mejor amigo de Joe en la adolescencia. En la ducha, _____ sonrió. Nick.

He aquí un tipo que algún día haría feliz a una mujer, aunque a veces pareciera un poco perdido.

Unos cuantos minutos más tarde, _____ se cepilló los dientes y el cabello, se maquilló un poco y se vistió. Como el coche estaba en la peluquería, tendría que ir andando al trabajo -estaba en la misma calle, a un kilómetro y medio-y se puso unos zapatos cómodos. Llamó a Singer mientras cerraba la puerta con llave y estuvo a punto de no ver lo que habían dejado allí para ella.

Por el rabillo del ojo vio una tarjeta metida entre el buzón y la tapa, junto a la puerta de entrada.

Curiosa, _____ la abrió en el porche mientras Singer surgía del bosque y trotaba hacia ella.

 

Querida _____,

El sábado lo pasé maravillosamente bien. No puedo dejar de pensar en ti.

Taylor

 

Así que aquélla era la razón por la que Singer había perdido la chaveta la noche anterior.

-Mira -dijo, sosteniendo la tarjeta para que Singer la viera-. Te dije que era un hombre agradable.

Singer se dio la vuelta.

-No hagas eso. Podrías admitir que estabas equivocado. Me parece que estás celoso.

Singer se acurrucó contra ella. -¿Es eso? ¿Estás celoso?

A diferencia de lo que pasaba con otros perros, _____ no tenía que ponerse de cuclillas para acariciarle el lomo con la mano. Singer era más alto que ella cuando entró en el instituto.

-No te pongas celoso, ¿vale? Alégrate por mí. Singer giró a su alrededor y levantó la mirada. -Y ahora, venga. Tenemos que ir andando porque Nick todavía está arreglando el Jeep.

Al oír el nombre de Nick, Singer movió la cola.

 

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